Archivos Mensuales: febrero 2012

Euro – sueños

Beirut – Santa Fe

Caminando por Travessera de Gracia una moneda cayó del bolsillo de mi pantalón y corrí tras ella, con tacos. Stop. Volvamos a visualizar la imagen en cámara lenta. Caminando por Travessera de Gracia con la música a todo volumen, mi mente avanza y retrocede por cada paso, sigo andando, quedan dos manzanas para llegar, estoy a 7 centímetros más del suelo y tengo un metro más de ego. El clima está ideal, voy por un café a mi bar de siempre cuando de repente al sacar la mano del bolsillo de mi jean “súper tight”,  una moneda cae al suelo. Levanté la cabeza y lo vi clarísimo, el euro-millón me estaba esperando.

Primera interrogante: ¿Es mi día de suerte?

Alivio. Recojo la moneda. Respiro. La miro casi al borde del suspiro. Casualidad. Pienso que el destino me ha señalado un camino. Recuerdos. Hasta ahora nunca me gané nada, ni una rifa, ni el bingo, ni el pollo de la feria. Lucidez. Dos euros no me van a sacar de pobre. Escepticismo. Si no crees en deidades porqué creer en un juego de lotería. Clarividencia. Confío en mi capacidad extrasensorial. Fortuna. A lo mejor es mi día de suerte. Confianza. Camino a paso firme y compro el ticket.

Segunda interrogante: ¿A qué números le juego?

Stress. De 45 posibilidades sólo puedes escoger cinco (fuera de las estrellas). 7. Escojo mi número favorito. 12. Ya tengo un número par. 33. Flashback. Vuelvo a mi época de ludópata. 30. El día de mi cumpleaños no me puede fallar. 0. Intuición. No es una posibilidad. 29. Desconfianza. No lo marco. 31. Titubeo. La suma de ambos da 4, número que me encanta. Fatalidad. Se acabaron los números. Destino. Creo que me lo ganaré.

Tercera interrogante: ¿Qué haría con tanto dinero?

Sueños. Me doy la vuelta al mundo y empiezo por Asia. Claridad. Renuncio a mi trabajo. Libertad. Mando a rodar a mi jefe. Generosidad.  Le digo a Juan que me siga en el viaje. Derroche. No sólo invito a Juan sino a todos los que estaban ahí. Materialismo. Me compro todo COS. Quijotismo. Regalo un millón a los que me caen bien. Orden. Pago mis deudas. Proyección. Me compro un piso en Barcelona. Despilfarro. Vuelvo a Japón y luego a Bali. Alegría. La felicidad son millones. Angustia. No duermo pensando en que me van a robar.

Cuarta interrogante: ¿La suerte existe?

Inquietud. Llegó el día. Nervios. Prendo la computadora. Ansiedad. Me persigno dos veces (y dices que no crees en dios). Inhalo. Profundo. Silencio. Invoco a todos los santos. Calma. Sale el primer número. Ansia. Sale el segundo. Malestar. Sale el tercero. Preocupación. El cuarto. Indignación. No di con ningún número. Hecatombe. La lotería se puede ir a la mierda. Porvenir. En otra alma estará mi suerte. Promesas. La próxima vez que juegue no la pienso tanto. Afirmación. Hasta ahora no conozco a ningún afortunado. Protesta. Odio no ganar nada. Juramento. Prometo que no volveré a jugar. Mentira. Ya tengo en mi bolsillo, La Primitiva, La Quinela, La 6/49,  y el Euro-millón. Declaración. Esta vez si que me la gano.

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Hablar de frío, trae más frío

Fanfarlo – Deconstruction

Lunes, 9:00 am., suenan las campanas de la iglesia de Santa María del Mar, es hora de levantar. Demonios, es lunes de nuevo y hace más frío que ayer. Que peor sensación que el sonido del despertador por la mañana y más a comienzo de semana. Estiro la mano, pongo posponer y 10 minutos más tarde vuelven a cantar los grillos de mi “ringtone” y se me viene a la cabeza el principio de la película de Amenábar: “Abre los ojos, abre los ojos”.

Los vientos polares y las bajas temperaturas del este de Europa, nos están matando, nos estamos congelando coño!! Acá, nos quejamos pero ni me quiero imaginar como lo están pasando allá arriba. Dicen que ya empiezan a subir las temperaturas pero estoy convencida que los meteorólogos mienten y que El Corte Inglés los subvenciona para que todos vayamos a comprar abrigos y estufas.

Este capítulo se llama: Instrucciones para sobrellevar el frío Barcelonés.

1. Llama a tu abuela: Ella es más sabia que tú, ha pasado más inviernos que tú y por supuesto sabe los buenos datos de remedios caseros.

2. Aumenta tu ingesta de alcohol: El mejor antídoto para olvidar las penas, tanto emocionales como corporales.

3. Consigue un novio de invierno: No hay nada mejor que el calor cuerpo a cuerpo, es lo más efectivo. Si tienes tu “machete” bien, pero sino, hacer un muñeco de almohadas, consigue el mismo efecto.

4. Si vas en moto, usa varias capas y una de periódico: Un cortaviento seguro, pero si no lo tienes puedes improvisar con un pedazo de La Vanguardia debajo de tu chaqueta, no hay nada más caliente que una noticia de Rajoy y las reformas laborales para evitar los vientos derechistas.

5. Come más brócoli: Por ahí me llegó el rumor que el brócoli aumenta el calor corporal. ¿Porqué no probar?

6. Intenta no ser una Fashion Victim: No podemos ser víctimas de las moda y menos en esta época. Guarda esos zapatos modernos que te compraste que ya vendrán tiempos mejores.

7. Escabarabubiboborobobó: Repite esta frase una y otra vez. Primero frente al espejo y luego cuando vayas caminando por la calle. Si la repites dos veces seguidas y saltas al mismo tiempo es más efectivo.

8. Hablar de frío, trae más frío: Si te encuentras con alguien caminando por la calle y no sabes que decir para romper el hielo ni se te ocurra comentar “Que frío no?”. Acuérdate que si te hablas de frío, te cagarás más de frío.

Hola mi nombre es Sofía y soy adicta

Molly Nilsson – (Won’t Somebody) Take Me Out Tonight

Hoy he vuelto a casa después de dos días, había estado perdida, envuelta en la armonía y la composición de mi propia canción. Ya no puedo ver la vida sin un texto musical, ya no puedo. Cada copa, cada beso, cada pensamiento es igual a una partitura, todo tiene sonido, todo es aerodinámico y cada palabra tiene un intérprete. Necesito una musico-terapia.

Hola mi nombre es Sofía y soy adicta, adicta a la música. Ya no puedo levantarme sin poner un tema antes de meterme a la ducha, ya no puedo. Canto mientras la espuma del shampoo roza mi piel, bailo mientras me evaporo y al ritmo del secador tarareo un vacío. No soy adicta a la música sino a la orquesta de la vida. No se trata de una canción sino de los ritmos y movimientos improvisados. No se trata de una tonada, sino del cosmos afectivo y las tragedias íntimas. No es sólo un cántico de media noche, sino de las casualidades regidas por la fuerza del destino. Mi cuerpo se ha ido transformando por culpa de los estribillos. He prostituido canciones y he quemado otras. He hecho amigos, dúos, cuartetos y quintetos. He besado las manos de un Dj, he llorado y me he desnucado.

Me estoy dando cuenta que estoy cayendo en los típicos clichés de un melómano, le he dicho a una amiga: “El pop es una mierda, no me gusta y nunca me gustará”. He ocultado mis listas en Spotify porque ya no quiero compartir lo que escucho. Me han dejado de gustar canciones cuando se hacen populares y sobretodo cuando todos los bichos tararean la melodía. Ya no siento conexiones cuando alguien me dice: “Los Beatles son una banda trascendental, ahora y siempre”. Le dije a mi compañera de piso: “Yo ya conocía esa banda antes de que todos hablaran de ella”. Me encontré con un amigo camino a clases y tuve que mentir para no caminar con él, no quería que interrumpa mi destino musical. ¿No estaré exagerando?
A veces pienso que si pero es parte de mi personalidad. Hoy he dormido 28 melodías y me he levantado en silencio.

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