Archivos Mensuales: diciembre 2011

No me salen las palabras

Ben Howard – Keep Your Head Up

Es difícil que salgan palabras bonitas cuando tienes enfrente una vista demencial. Es más difícil aún querer expresar lo que sientes cuando no sientes nada, aunque sea una gran mentira. Es complicado querer manifestar lo increíble que es despertar en la bahía de Key Biscayne viendo el amanecer, tomando un café, espiando a un par de gaviotas y mirando desde el piso 20 de un edificio setentero cómo limpian la piscina allá abajo.

Una de las cosas más bonitas de un viaje es cuando llega a su fin aún sabiendo que esperaste tanto tiempo para llegar. Es una sensación contradictoria que se cruza con esperanza de volver, melancolía de dejar y euforia de seguir avanzando. Nunca me han gustado las despedidas y es porque yo siempre me voy. Hace más de 7 años que estoy en este plan, vuelves, te vas, reapareces y partes de nuevo. Supongo que algún día me cansaré de este estilo de vida y decidiré establecerme en algún lugar, aunque me cuesta pensar que me aburriré de ser una eterna saltamontes.

Son las 8:20 de la mañana en Miami y tengo un jet lag brutal. Hace dos días que me levanto abruptamente a las cuatro de la mañana. Hoy cuando me levanté, salí a tomar un jugo y me encontré a mi mamá despierta en la cocina tomando un extracto de algo que no me quedó nada claro. Ella dice que le pasa lo mismo que a mi, que le cuesta dormir, pero se excusa en la menopausia, en los calores corporales, en los subidones y alteraciones emocionales propios de una mujer de su edad. Por otra parte yo me excuso y le hecho la culpa a mi hermana que me quita las sábanas, al jet lag y a la cantidad de teína que tomé antes de dormir.

Dicen que las cosas buenas y malas se heredan de la familia y en este caso me ha tocado ser víctima del mal sueño. Cuando llegue a Barcelona me he propuesto hacer una terapia del sueño, meterme a clases de Tai chi y aprender catalán. Debo canalizar mis energías haciendo cosas y descargando mi fase hiperquinética, también heredada, en este caso de mi papá.

Este 2011 ha sido un año lleno de contraste emocionales buenos y malos. Ha sido un año de puro crecimiento, tanto para mi como para mi familia. Ha sido un año duro para todos, pero detrás de las cosas que han pasado se esconde una palabra mágica, aprendizaje.  Algunos hemos crecido, otros hemos envejecido, algunos hemos partido, otros hemos perdido, algunos hemos llorado y otros hemos gozado pero al final estamos todos juntos de nuevo. En nombre de todos los integrantes de esta familia grito estas palabras desde el balcón de esta hermosa isla: 2011 NO TE EXTRAÑARÉ.

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Quiero ser una cucaracha

Girls – Vomit

Estoy leyendo un libro que me enganchó cuando leí esta frase “Un libro o un escrito nace de una insatisfacción o de nace de un vacío”. Yo siempre lo he pensado. Generalmente cuando escribo lo hago para desahogar algo, lo que sea. Escribo cuando no encuentro a nadie que me quiera escuchar lo suficiente para racionalizar sobre la existencia y la inmortalidad de las cucarachas en el mundo. Si las cucarachas son tan sabias para haber sobrevivido tantos años, yo quiero aprender a ser una de ellas. Quiero ser una cucaracha, quiero ser inmortal, quiero no tener arrugas, quiero ser larga y delgada, quiero mantenerme activa sin comida.

Hace días que no escribo y es justamente por eso, porque me siento optimista con la vida. Es que yo no sirvo para ser gris. El gris no me asienta ni me queda bien. ¿Porqué dar un poquito, si lo puedes dar todo? A veces es una mierda ser tan entusiasta y contrapuesta, a veces un poquito de ambos lados da mejores resultados.

A mi los términos medios me saben mal. Como es eso de…quiero ser rubia pero también morena. No. O eres rubia o eres morena pero ser las dos te deja en un estado confuso, de mal gusto y de poca seguridad. Como es eso de… quiero pollo pero también pescado. No. O quieres pollo asado o  pescado arrebozado. Nunca puedes pretender hacer una ensalada partida en dos, con olores contrapuestos. O eres pollo o eres pescado pero nunca pollo-pescado.

Como es eso de hoy te quiero pero mañana no. No. O quieres o no quieres.  No se puede estar triste y feliz al mismo tiempo. O te gusta el plátano o no te gusta. Es simple. Si te gusta, te gusta, sino te gusta, no te gusta. Lo que puede pasar es que hayan días que te apetezca comer plátano con cerezas, con Nutella o con miel de abejas, pero eso depende de las formas y no del contenido.

La vida es más simple cuando eres una cucaracha y es por eso que quiero ser una de ellas. Básicamente no te cuestionas, vas y lo haces. Las cucarachas son sabias y es por eso que han sobrevivido tantos años. Son eruditas en su alimentación y vivaces para sacarse los problemas de encima. En mis sueños siempre he visto cucarachas blancas o negras pero nunca he visto una gris. La vida es una, y si hay que elegir como vivirla yo la elijo de un color. O blanco o negro pero nunca gris.

Volando a contratiempo

She & Him – Rockin’ Around The Christmas Tree

Me fastidia la sensación de aislamiento que provoca en mi tu silencio. Cuando se va la luz, es algo similar. No tengo televisión hace más de un año y a veces extraño ver las noticias. ¿Qué está pasando en el mundo? Por ahí me dijo un autista del planeta de los simios: “Es que no te enteras tía”. No tengo televisión porque no quiero. Mis ojos son vírgenes en 2d, mis oídos se han prostituido de música, mi mente se ha enriquecido de contenido basura y mi boca ha perdido el miedo.

Me fastidia la sensación de aislamiento que provoca en mi tu silencio. Ahora que estamos todos conectados nos sentimos autistas cuando no lo estamos.  Es difícil entender el mundo sin tecnología. Es difícil querer no ser parte y volverte un auténtico primate. Me gustaría por un tiempo ser parte de nada. Me gustaría dejar de pensar que algún día volverás y disfrutar de no tener fantasmas bailando en la oscuridad.

Me fastidia la sensación de aislamiento que provoca en mi tu silencio. Las horas en el avión se hacen interminables, es muy largo el viaje. Suenan las turbinas y nadie habla. Estar metida en una máquina que viaja contra el tiempo es una sensación muy extraña. Son de esos momentos  donde todos van y están resignados. Mi vecina de asiento mira el reloj. Todos van en su propio misterio y piensan en las cosas que dejaron de hacer y las que tienen pendientes para el año que viene. Algunos leen, otros escuchan música, unos duermen por miedo y otros como yo, escriben, pero todos están resignados, entregados al tiempo, al tic tac de las turbinas y a la velocidad espacial.

Me fastidia la sensación de aislamiento que provoca en mi tu silencio. Por lo menos en este avión no se siente la víspera navideña, menos mal. Osea, sumarle la cuota navideña a los resignados del tiempo sería muy triste. Ya son las 12, ya es navidad y estamos todos sentados  sin mirarnos. Que poco digno.  No me gusta la navidad y menos estar sentada en un avión escuchando villancicos. Eso te pasa por perder aviones en estas fechas Ximena, eso te pasa por ser una eterna luchadora del contratiempo. Mierda! ¿Dónde estoy? Se perdieron todos menos yo.

y ahora… ¿Quién podrá salvarme?

Radiohead – Creep

Hay días en que la inspiración no te llega ni para hacerte una tostada. Hay días como hoy que por más que le metas caña o ganas a todo lo que hagas ni el hervidor eléctrico te va a responder. Uno amanece con el pie izquierdo y por más que trates de caminar sólo con el derecho dando saltos a la cocina, te encuentras con el piso empapado porque la lavadora decidió no funcionar. Se chorreó el detergente, el suavizante y te mojaste el pie, el derecho, el único que te quedaba bueno. ¡Por la puta madre que la parió! Le grité a las ollas y hasta las cucharas formaron un ejército militar. Se alinearon los cuchillos, los platos se pusieron en forma y los tenedores a marchar. 1, 2, 1, 2, formen, distancia, preparen, apunten… fuego!

En ese momento no me quedó más que añorar al Chapulín Colorado y a su chipote chillón. ¿Y ahora quién podrá salvarme? pensé esperando que se aparezca el chapulín, me de unas de sus pastillas de chiquitolina y me haga desaparecer del escenario que yo misma había creado. No eran más de las 10 de la mañana y yo ya había hecho sonar las trompetas y tambores de una marcha militar en mi propia cocina. Ya fue, ordené lo que había que ordenar y pensé que no merecía desayunar. Hoy vas a ayunar.

Es que hay días en que la inspiración no llega ni para hacerte un té, ni para elegir una canción, ni para estornudar. Simplemente te levantas como si fuera Lunes con un catarro mal curado de hace 4 días. Con la nariz de Rudolf vas avanzando como un zombie en busca de algo que no sabes que es, pero sabes que es algo. Bajas a buscar ese algo. Caminas por las calles dando pasos ciegos y como un perro sin olfato vas dando vueltas e intentas no perderte en tu mismo barrio. Los oídos los tienes tan tapados que llegas por falta de orientación a encontrar justo lo que no estabas buscando. Una lámpara, justo lo que me faltaba. ¿Cuanto cuesta? le pregunté. 30 euros me respondió moqueando, con los ojos llorosos y la nariz pelada el amable caballero. ¡No lo puedo creer! hay alguien peor que yo pensé. El vendedor estaba fatal, no sé como fue a trabajar. Después de negociar y marear al pobre hombre logré que un catalán me rebajara 7 euros por la bendita lámpara. Me sentí una triunfadora. No se si se me prendío la lamparita o qué pero después de todo algo de inspiración encontré.

Mañana ovulas?…Eso duele

The National – Daughters Of The Soho Riots


Ya es comienzo de mes. Que rápido se pasó esta temporada. No me creo que ya casi se termina el año, mi primer año en Barcelona. Los comienzos y finales de mes siempre duelen un poco más. Las mujeres nos ponemos unos milímetros más irritantes, unos centímetros más pesadas, unos metros más malhumoradas y unos kilómetros más egocéntricas.

No sé porque nacen unas ganas inexplicables de hacer cosas raras. A mi no me da por comer cosas dulces aunque muchas mujeres aseguran que si. A mi lo que me pasa es que me vienen unas ganas terribles de cambiar cosas de lugar. Por ejemplo, hoy decidí cambiar toda mi habitación, saqué todo para afuera. Cambié mi cómoda de ropa, la puse de espaldas para no mirarla. Mi cama la volteé en lado apuesto de la ventana, no quiero luz. Los libros los desordené. ¿Porqué tener un orden? No tiene sentido. Quiero nuevas cosas, no me gusta nada de lo que tengo. Nada me queda bien. Estás hinchada como un pez globo. Tomas té con orégano y vas corriendo a la farmacia con cara de pocos amigos y pides pastillas para nivelar el desasosiego.

En este vaivén de emociones contrapuestas no sólo me desquicié con mi habitación sino también le metí bronca al espejo. Te duele el estómago, te crecen las tetas. Atraviesas un desierto y después otro con una sucesión de interrogantes. No sé qué realidad es digna de ser real pero esta no. Estás súper “pyscho”. Contagiarás a tus compañeras de piso y juntas acumularán la fuerza de ser las féminas rojas de la noche. Es un consuelo. Regaste las plantas como tres veces, las ahogaste. Te ríes de esa estupidez. Botas la albahaca a la basura. Bajas y te compras otra esperando que esta vez sobreviva por lo menos un mes. Estás pensando en direcciones contrarias. Te olvidaste de recoger tu ropa de la tintorería. Te ríes de nuevo, prometes que no lo llamarás más y tomas más té con orégano.

Dicen que la menstruación afecta el cerebro de las mujeres. No por nada la llaman trastorno pre-menstrual, cuando en realidad debería llamarse trastorno mental. Yo creo que ser mujer es una suerte en todas sus dimensiones pero justamente no en estos días. Tengo una pistola. A ver…¿A quién le disparo?

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